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Voluntariado, cambio climático y educación forestal

Voluntariado, cambio climático y educación forestal

Albano López (Natura y Cultura Servicios Ambientales SL)

 

10 de julio de 2019

 

A estas alturas, la sociedad debería ser consciente de que estamos inmersos en un proceso de cambio climático. En los últimos 50 años, los países desarrollados industrialmente, con el uso de los combustibles fósiles, hemos emitido a la atmósfera ingentes cantidades de CO2 y otros gases de efecto invernadero. Las consecuencias son evidentes: fenómenos meteorológicos extremos de mayor intensidad y frecuencia, aumento del nivel del mar, cambio en los sistemas de precipitaciones, se funden los glaciares y la banquisa…

 

La repercusión en el medio ambiente —en el aire, el suelo, el agua y la biodiversidad— y en la sociedad es grande. El impacto en la salud está siendo importante y afectará más a los más débiles y con menos recursos. Tenemos que adaptarnos al problema, pero a la par, participar en la solución de forma mucho más activa: utilizar el transporte sostenible, elegir mejor los alimentos que compramos y donde los compramos, utilizar la energía de forma más eficiente en el hogar… Entrar en acción, ser parte de la solución, es fundamental para ayudar a reducir el problema, lo que supondrá mejoras en la salud y el entorno.

 

Una opción complementaria, que se ha señalado recientemente como la mejor forma de contener el cambio climático, es plantar árboles en áreas donde los bosques han sido destruidos por incendios o en zonas donde se han perdido por la agricultura u otras actividades humanas, en espacios degradados, etc. Los árboles plantados captarían parte de las emisiones de dióxido de carbono provocadas por el ser humano. Tom Crowther, profesor en el Laboratorio Crowther, señala que «las demás soluciones al cambio climático precisan que cambiemos nuestro comportamiento, o una decisión política de arriba hacia abajo que no siempre se toma, para mitigar el cambio climático, o un descubrimiento científico que aún no tenemos». Plantar árboles añadió: «es una solución eficiente en la que todos podemos involucrarnos».

 

Esta acción de plantar árboles es muy interesante y puede realizarse a través de las actividades de voluntariado ambiental que se desarrollan en muchos municipios. Pero es importante que se haga bajo la coordinación y supervisión de un técnico que valore: el momento, lugar, condiciones, especies a utilizar y metodología. La acción de plantar es aconsejable, por distintas razones:

 

  • Establece alianzas: permite a grupos organizados coordinarse con otras entidades preocupadas por el medio ambiente, la salud y la problemática relativa al cambio climático.
  • Es una herramienta de sensibilización: las actividades del voluntariado son un estupendo elemento de educación ambiental, para concienciar sobre el problema que plantea el cambio climático y promover la acción, impulsando los cambios de comportamiento que Crowther ve difíciles, pero en los que hay que insistir pues son imprescindibles. 
  • Ofrece información científica y datos: las acciones que se plantean desde el voluntariado se realizan de forma técnica y ofreciendo datos que pueden apoyar y justificar la acción y permitir evaluar el proceso. 
  • Soporte para la respuesta de la administración: el voluntariado puede ser un elemento que apoye las iniciativas locales ambientales y de salud pública en relación al cambio climático.

Grupo de voluntariado familiar durante una actividad de educación forestal y plantación programada en Gilet (Foto: Natura y Cultura).

 

Las actividades de voluntariado ambiental, en el ámbito forestal, son magníficas para educar sobre el cambio climático y su repercusión en nuestro territorio y en nuestra salud. Ayudan a descubrir la importancia de los espacios arbolados. Pero requieren, como se ha señalado, de organización, dinamización y un desarrollo técnico para que las acciones de plantación sean una solución y no un problema, en particular en estas épocas que son posibles los incendios y las personas están predispuestas a colaborar.

 

Las actividades de educación ambiental en el ámbito forestal, como recoge la Estrategia Forestal Española, se sustentan en seis objetivos que orientan una nueva cultura del bosque pues ayudan a:

 

  • Conocer el bosque, su multifuncionalidad y la relación del ser humano con él.
  • Descubrir la interrelación que existe entre el bosque, el suelo, el agua, el aire y la biodiversidad.
  • Comprender las técnicas forestales de gestión sostenible del monte que propician la conservación y mejora.
  • Conocer la realidad forestal en relación al valor ecológico, social, recreativo, educativo y económico, así como la problemática actual.
  • Asociar desarrollo sostenible y monte.
  • Fomentar y valorar las materias primas forestales como recursos para el desarrollo sostenible.